09 Abril 2014
David Ben-Gurión fue un líder sionista, líder sindicalista y estadista israelí, proclamó formalmente la independencia del Estado de Israel en 1948 y luego ejerció como Primer Ministro israelí entre 1948-1954 nuevamente entre 1955-1963.

Ben-Gurión nació bajo el nombre de David Green en 1886 en Plonsk, ciudad de la Polonia rusa, y fue el cuarto hijo de Avigdor y Sheindel Green. Su padre era abogado, un destacado miembro de la comunidad judía y el fundador de una escuela de hebreo moderno. El joven Ben-Gurión fue iniciado en el hebreo por su abuelo al cumplir su tercer año de vida.

En algún momento de sus primeros años de vida tuvo contacto con el político sionista Theodor Herzl, quien realizaba una visita a Plonsk. Bienvenido en ese momento por muchos judíos como un mesías, Herzl causó una fuerte impresión en Ben-Gurión: “Un solo vistazo y estaba listo para seguirlo en ese momento y lugar hacia la tierra de mis ancestros”.

En 1906 el joven David Green emigró a Palestina, entonces parte del Imperio otomano y aceptó trabajó de peón durante los siguientes cuatro años y en febrero de 1909 “visitó Jerusalén por primera vez, en donde mirar el Muro Occidental le provocó tal agitación emocional que se quedó en la ciudad durante una semana”, según escribe su biógrafo Shabtai Teveth. Ben-Gurión solía ocultar sus emociones porque consideraba que expresarlas abiertamente denotaba debilidad. A esta luz, el impacto emocional del Muro Occidental es significativo. Ben-Gurión afirmaba cuando era joven que no era religioso, pero a menudo citaba la Biblia en sus discursos y escritos —más que cualquier otro político judío de su época.

Al año siguiente Ben-Gurión se mudó a Jerusalén para trabajar con un amigo que publicaba una revista sionista. Fue entonces cuando adoptó su nuevo apellido. Se convirtió en Ben-Gurión (“hijo de un cachorro de león”), en honor de Joseph Ben-Gurión, un líder democrático de los judíos del siglo I, quien fue asesinado por zelotas debido a su moderación en el levantamiento en contra de los romanos en el año 66 d.C.

Aparte de un tiempo que pasó en Estambul estudiando derecho, Ben-Gurión permaneció en Jerusalén hasta que fue deportado a Egipto en 1915 por las autoridades otomanas, que se aliaron con Alemania durante la Primera Guerra Mundial.

Ben-Gurión regresó a Palestina como soldado de la Legión Judía, una unidad del ejército británico creada por Zeev Jabotinsky.

En la década del 20, Ben-Gurión fue electo secretario general de la Histadrut – Confederación General del Trabajo de la comunidad judía en Palestina, función que él consideraba como una potencial base de poder para la realización de los objetivos sionistas. Ejerció como secretario general de la Histadrut hasta 1935, convirtiéndola en mucho más que una organización gremial: una institución global política, social y económica con su propia red de fábricas, corporaciones de desarrollo, marcos culturales y servicios de salud, y una institución financiera. La Histadrut brindó así la infraestructura económica, al igual que la textura social y política del estado en formación.

Ben-Gurión jugó luego un papel preponderante en la fusión de los dos principales movimientos sionistas –socialistas, Ajdut Haavodá y Hapoel Hatzair, en el partido “Mapai”, agrupación que luego de la creación del estado, se convertiría en el partido de gobierno. Su actitud hacia el socialismo era pragmática, buscando el logro simultáneo de las metas nacionales y las socialistas.

Visión y pragmatismo

Hacia 1935, el Sionismo Laborista se había convertido en la facción más importante del movimiento Sionista y Ben-Gurión ocupó el puesto clave de Presidente del Ejecutivo de la Agencia Judía – el "cuasi gobierno" de los judíos en Palestina – función que ejerció hasta 1948, cuando se estableció el Estado de Israel.

Durante estos años Ben-Gurión guió el curso de la historia sionista y moldeó el carácter del futuro estado judío. Basándose en una plataforma política que combinaba visión con pragmatismo.

Debido a la Gran Revuelta Árabe que estalló en 1936, Gran Bretaña, que había recibido el protectorado de Palestina de la Sociedad de Naciones, formó una Comisión Real de Investigación que recomendó dividir el territorio en un estado árabe y uno judío. A pesar de que, con el paso de los años, Ben-Gurión había perdido la fe en los británicos, su pragmatismo lo llevó a creer que una nación judía de cualquier tamaño podría convertirse en una base de poder para los objetivos sionistas. En una carta que le escribió a su hijo Amós, su manera de pensar era clara: “Levantar una nación judía en seguida, aunque no sea en toda la tierra. El resto vendrá con el tiempo. Debe venir”.

Para 1939 los británicos dieron marcha atrás a las recomendaciones de la Comisión Real y como necesitaban el apoyo de los árabes durante la Segunda Guerra Mundial, propusieron que se estableciera únicamente un estado árabe en Palestina, en el que los judíos conformaran una minoría. Esta postura fue manifestada en el Libro Blanco publicado en 1939, por el cual Gran Bretaña establecía fuertes restricciones a la inmigración judía a Palestina, y trabas a la adquisición de nuevas tierras a manos de judíos. Ben-Gurión abandonó su política de cautela y gradualismo, para adoptar una firme línea activista frente al Mandato inglés. Durante la Segunda Guerra Mundial su estrategia frente al conflicto creado entre la firme oposición hebrea a las restricciones británicas, y el hecho de que Gran Bretaña combatía contra la Alemania nazi, fue resumida sucintamente en su afirmación de que los sionistas «combatirían contra los nazis como si no existiera el Libro Blanco, y combatirían el Libro Blanco como si no hubiera guerra».

La creación del Estado de Israel

En abril de 1947 los británicos solicitaron la transferencia de las responsabilidades de su protectorado a las Naciones Unidas y en noviembre de ese mismo año la Asamblea General de la ONU aprueba la resolución de dividir Palestina en dos estados: uno judío y otro árabe. Como respuesta los árabes palestinos atacaron a la comunidad judía, y de este modo se desencadenó la posteriormente llamada “Guerra de Libración”.

El 14 de mayo de 1948 Ben-Gurión proclamó el Estado de Israel. Los enfrentamientos con los árabes prosiguieron hasta la firma de los armisticios a principios de 1949. A la firma de los armisticios Jerusalén era una ciudad dividida: el Oeste de Jerusalén estaba en manos de los israelíes y el Este y la Ciudad Vieja, bajo el control de Jordania.

Obra como Primer Ministro

En los primeros años del estado, el fuerte y carismático liderazgo de Ben-Gurión condujo a olas de inmigración masiva que duplicaron la población del país. Él dirigió las empresas de absorción, invirtiendo la mayor parte de los limitados recursos de la nación en la integración de los inmigrantes; aseguró las zonas distantes, construyendo asentamientos en la periferia; e instituyó una educación universal sobre la base de un sistema escolar público no partidista.

Como ministro de Defensa, planificó y llevó a cabo la tensa transición de organizaciones clandestinas a un ejército regular – moldeando el carácter y la estructura de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Posteriormente encabezó proyectos nacionales como la "Operación Alfombra Mágica" (transporte aéreo de los judíos del Yemen), la construcción del Acueducto Nacional e innovadores proyectos de desarrollo regional.

En la arena internacional, Ben-Gurión puso su carrera política en juego para lograr la aprobación del muy controvertido acuerdo de reparaciones con Alemania Occidental. Sacó a Israel del bloque de las naciones no alineadas, adoptando una orientación pro-occidental. Este paso sentó las bases para una alianza estratégica con Francia y Gran Bretaña, que reforzó a Israel en las esferas diplomática, económica y militar en los años 50.

En 1953 Ben-Gurión renunció al gobierno por dos años. Se estableció en el kibutz Sde Boker en el Néguev, sirviendo de ejemplo personal a la juventud israelí. Luego de las elecciones de 1955, volvió a ser Primer Ministro. Reafirmando la política de defensa, abogó por una respuesta más resuelta al terrorismo de allende las fronteras y adoptó una estrategia de defensa basada en una estrecha cooperación con Francia, que duró por más de una década. La Campaña del Sinaí de 1956 – a pesar de que Israel eventualmente se retiró del Sinaí bajo presión internacional – logró suspender los actos de sabotaje y terrorismo contra los poblados en el sur, y levantó el bloqueo a la navegación israelí en el Mar Rojo.

En 1963 Ben-Gurión renunció una vez más al gobierno, en protesta por los aspectos morales de un fiasco de inteligencia ocurrido en 1954 – poniendo fin a casi tres décadas de liderazgo, incluyendo 13 años como Primer Ministro del Estado de Israel.

Ben-Gurión hizo un intento de regreso a la vida pública en 1965, apoyando una reforma electoral y la formación de un nuevo partido, Rafi, que obtuvo sólo 10 escaños en las elecciones a la Knéset de ese año. Permaneció como miembro de la Knéset durante otros cinco años, retirándose de la vida pública en 1970, a los 84 años de edad. Ben-Gurión – una de las figuras más influyentes en el curso del sionismo moderno – falleció en 1973 y fue sepultado en Sde Boker.

22 Septiembre 2013


El sionismo es un concepto simple, claro, fácil de definir y comprender, pero en los últimos veinte a treinta años, este simple término se ha convertido en una de las ideas más confusas y complicadas de identidad, y su uso distorsionado ha imposibilitado llegar a un acuerdo sobre su significado. 

A la derecha política le gusta usarlo como un tipo de condimento para mejorar el sabor de sus posiciones controvertidas, mientras que la izquierda lo trata con miedo, como si fuera una mina que puede explotar en sus manos. Es por eso que siempre sintió la necesidad de neutralizarlo con un extraño adjetivo, como «sano o humano».  

En el conflicto interno israelí entre los grupos denominados «nacionalistas» y «pacifistas», el sionismo se usa como un arma ofensiva que sirve para ambas partes del espectro político. 

En el extranjero, los críticos de Israel utilizan al sionismo como una especie de poción venenosa para exacerbar todas las acusaciones contra el Estado. 

Muchos creen que la solución para el futuro del Estado de Israel se encuentra en la des-sionización de su identidad.

Entre los peores enemigos de Israel, «sionista» es un epíteto demoníaco, un término de denuncia que reemplaza la palabra «Israel» o »Judío». Miembros de Hamás hablan del soldado sionista capturado, y Hezbolá e Irán se refiern a «la entidad sionista criminal» sin pronunciar Israel.

Así que llegó la hora de definir el término «sionista».

En primer lugar, hay que recordar que, desde una perspectiva histórica, el concepto surgió sólo al final del siglo XIX. No tiene sentido llamar a Yehuda Halevi sionista o a cualquier otro judío que emigró a Tierra Santa en los siglos anteriores. De igual manera, no podemos usar los términos «socialismo» o «socialista» para los períodos anteriores a la mitad del siglo XIX y definir a Robespierre, por ejemplo, como un «socialista» de la Revolución Francesa. Estos conceptos sólo existen desde el momento en que surgieron en un contexto histórico concreto y utilizarlos libremente como etiquetas para cualquier cosa que elijamos es una acción poco científica. 

Si es así ¿cómo podríamos definir qué es un sionista? ¿A partir de la aparición del movimiento sionista inspirado por Theodor Herzl y sus asociados? 

Aquí está la definición: Sionista es una persona que deseó o apoyó el establecimiento de un Estado judío en la Tierra de Israel, que luego se convirtió en el Estado del pueblo judío. Esto se basa en las palabras de Herzl: «En Basilea fundé el Estado judío».

La palabra clave en esta definición es «Estado» y su ubicación natural es la Tierra de Israel a causa del vínculo histórico del pueblo judío con la misma. 

Así, mi tataraabuelo, por ejemplo, que vino a la Tierra de Israel desde Salónica en la mitad del siglo XIX, no puede ser considerado como sionista. Él vino a establecerse en la Tierra de Israel, no para crear aquí un Estado judío. 

Esta es también la regla para los antepasados de los Neturei Karta y otros grupos judíos ultraortodoxos que vinieron a la Tierra de Israel en los siglos XVII y XVIII, y que siguen siendo leales a sus convicciones hasta hoy. Ellos no sólo no están interesados en el establecimiento de un Estado judío sino que ven al Estado de Israel como una abominación y una profanación del nombre de Dios.

Un sionista, por lo tanto, es un judío que apoyó el establecimiento de un Estado judío en la Tierra de Israel y no un Estado judío en cualquier otra parte del planeta. Herzl mismo y muchos líderes sionistas nunca hicieron aliá y, sin embargo, no dudamos en llamarlos sionistas. Incluso en la actualidad, a los miembros de las federaciones sionistas de todo el mundo los consideramos sionistas a pesar de que no viven en Israel.

Cualquiera que crea que sólo una persona que vive en Israel puede ser sionista está diciendo esencialmente que actualmente no hay sionistas fuera del Estado de Israel; y ese no es el caso. 

¿Pero qué pasa con los nacidos en la Tierra de Israel? ¿Acaso son considerados sionistas sólo por su lugar de nacimiento?

Un sionista es una persona que quiere o apoya el establecimiento de un Estado judío en la Tierra de Israel. ¿Qué tipo de Estado? Bueno, cada sionista tiene su propia visión y su propio plan.

El sionismo no es una ideología. Si la definición de «ideología», de acuerdo con la Enciclopedia Hebrea, es la «combinación sistemática de ideas, conocimientos, principios e imperativos que se expresan en una visión de mundo en particular por parte de una secta, partido o clase social», entonces el sionismo no puede ser considerado como una ideología, sino simplemente una plataforma muy amplia de diferentes ideologías que pueden incluso contradecirse entre ellas.

Desde que el Estado de Israel se fundó, en 1948, la definición de «sionista» ha vuelto a ser revisada, ya que no es necesario establecer el Estado.

Por lo tanto, su definición es la siguiente: un sionista es una persona que acepta el principio de que el Estado de Israel no pertenece exclusivamente a sus ciudadanos, sino a todo el pueblo judío. La expresión práctica de este compromiso es la Ley del Retorno.

Los asuntos del Estado están efectivamente manejados solamente por sus ciudadanos - aquellos que poseen un documento de identidad israelí, de los cuales el 80% son judíos, mientras que un 20% son árabes de Israel y otros grupos minoritarios.

Pero sólo una persona que apoya y reafirma la Ley del Retorno es un sionista; cualquiera que la rechace, no lo es.

Sin embargo, aquellos judíos israelíes que rechazan la Ley del Retorno y se declaran no sionistas o post-sionistas - ya sean de derecha o izquierda - siguen siendo ciudadanos leales al Estado de Israel y conservan todos sus derechos civiles.

De ello se desprende que los problemas actuales de Israel, ideológicos, políticos, de seguridad o sociales, todos los grandes asuntos que nos preocupan a los israelíes, no tienen nada que ver con el sionismo. 

Por otra parte, el sionismo no es un término que pretende sustituir a otros como patriotismo, pionero, humanismo o amor a la patria, conceptos que se encuentran en otros idiomas y en otras naciones. El hebreo es suficientemente rico como para dotar a cada posición o acción con la palabra adecuada. 

Un oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel, que sirve en el Ejército fijo durante muchos años después de su servicio militar obligatorio no es más sionista que el propietario de un quiosco, aunque sí lo vemos como más patriota.

Una persona que se ofrece a ayudar a niños descapacitados, no es más sionista que un corredor de bolsa, a pesar de que puede ser más humanista. 

Ser sionista no es una orden de honor o una medalla condecorativa que una persona lleva en su pecho. 

Tampoco hay ninguna relación entre el tamaño del país y el sionismo. Si los árabes hubiesen aceptado el plan de partición de la ONU del 29 de noviembre de 1947, el Estado de Israel, dentro de las líneas divisorias entonces propuestas, habría sido igual de sionista, ya que el sionismo no es una cuestión de fronteras. 

De igual manera, si el Estado de Israel hubiese conquistado y anexionado Jordania, habría dejado de ser sionista, a pesar de que dispondría de tres o cuatro veces más de territorio.

El Estado de Israel era sionista cuando controlaba la Franja de Gaza y lo sigue siendo después de que se retiró unilateralmente de la misma.

Muchos países han visto cambios en el tamaño de su territorio soberano, pero sus identidades básicas han permanecido.

Con respecto a la Ley del Retorno, que algunos la consideran como discriminatoria contra los ciudadanos árabes de Israel, este es su fundamento: La Ley del Retorno es esencialmente la condición moral establecida por las naciones del mundo para la creación del Estado de Israel. 

La partición de Palestina en la ONU, en 1947, en un Estado judío y un Estado árabe, era una resolución que daba por sentada que el Estado judío no sería un país sólo para los 600.000 judíos que vivían allí en ese momento, sino que en ese lugar se podría resolver los problemas de autodeterminación de los judíos de todo el mundo y se permitiría a cada uno de ellos considerarlo su hogar nacional.

¿Sería moral para los cientos de miles de judíos que emigraron a Israel en base a la Ley de Retorno cerrar sus puertas a los que llegarán después? 

Por otra parte, es casi seguro que habrá una ley similar en el Estado palestino que espero que se establezca con rapidez y en nuestros días.

Le tocaría a ese Estado legislar una Ley de Retorno que permita a todos los palestinos exiliados regresar a dicho país y obtener nacionalidad y ciudadanía.

Pero ni la Ley de Retorno israelí, ni una similar en el futuro Estado palestino, contradicen los criterios migratorios, que al igual que en todos los países del mundo, establecen restricciones para quienes no son sus nacionales. 

Liberando el concepto de sionismo de todos los apéndices y adjetivos que se han adherido erróneamente con el tiempo, espero que estas palabras aclaren las posiciones de quienes en el extranjero son tan críticos con el mismo.

Fuente: Haaretz
Traducción: Revista Identidad